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Mientras él les decía estas cosas, un magistrado vino y se arrodilló ante él, y le dijo: «Mi hija acaba de morir; pero ven y pon tu mano sobre ella, y ella volverá a la vida.» 19
Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos. 20
En eso, una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias, se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto, 21
pues pensaba: «Si alcanzo a tocar tan sólo su manto, me sanaré.» 22
Pero Jesús se volvió a mirarla y le dijo: «Ten ánimo, hija; tu fe te ha salvado.» Y a partir de ese momento la mujer quedó sana. 23
Cuando Jesús entró en la casa del magistrado, vio a los que tocaban flautas y a la gente que hacía alboroto, 24
y les dijo: «Váyanse, porque la niña no está muerta, sino dormida.» Ellos se burlaron de él. 25
Pero luego de despedir a la gente, él entró y tomó de la mano a la niña, y ella se levantó. 26
Esta noticia se difundió por toda aquella región.
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