9
Con la lengua bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los seres humanos, que han sido creados a imagen de Dios. 10
De la misma boca salen bendiciones y maldiciones. Hermanos míos, ¡esto no puede seguir así! 11
¿Acaso de una misma fuente puede brotar agua dulce y agua amarga? 12
No es posible, hermanos míos, que la higuera dé aceitunas, o que la vid dé higos. Ni tampoco puede ninguna fuente dar agua salada y agua dulce. 13
¿Quién de ustedes es sabio y entendido? Demuéstrelo con su buena conducta, y por medio de actos realizados con la humildad propia de la sabiduría. 14
Pero si ustedes abrigan en su corazón amargura, envidia y rivalidad, no tienen de qué presumir y están falseando la verdad. 15
Esta clase de sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino que es terrenal, estrictamente humana, y diabólica. 16
Pues donde hay envidias y rivalidades, allí hay confusión y toda clase de mal. 17
Pero la sabiduría que viene de lo alto es, ante todo, pura, y además pacífica, amable, benigna, llena de compasión y de buenos frutos, ecuánime y genuina. 18
Y el fruto de la justicia se siembra en paz para los que trabajan por la paz.
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