Srta. Abigail Roque
(Bulacán, Filipinas)
Así, todos nosotros... somos transformados a su semejanza con más y más gloria por la acción del Señor, que es el Espíritu. - 2ª a los Corintios 3:18 (NVI)
«No pienses en lo que tú puedes hacer por Dios, sino en lo que Dios puede hacer por ti». No olvidaré estas palabras tan sabias que alguna vez me dijo un pastor a punto de jubilarse y líder en el marco de una asamblea general. Sentí que Dios me hablaba directamente a mí.
Yo era nueva en el ministerio, pero contaba con años de experiencia en otros trabajos sin fines de lucro. Tenía muchísimas ideas de cómo contribuir. Sin embargo, el Señor me reveló que no estaba sola llena de ideas, sino llena de mí misma. Las palabras de ese hombre me recordaron que yo estaba en el ministerio no solo para trabajar para Dios sino para que Él obrase en mí: me enseñase, me moldeara y me transformara.
Todos nosotros, sin importar nuestra experiencia, dones y talentos, somos una obra en proceso. Siempre estamos siendo «transformados a su semejanza con más y más gloria...». Que como siervos del Señor, nos centremos primeramente en la labor que Dios obra en nosotros, y no solo a través de nosotros. Que seamos lo suficientemente humildes como para abrir nuestros corazones al Espíritu Santo para que transforme nuestro obrar de modo que nuestro ministerio refleje la gloria del Señor.
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