Hermana Confianza del Señor
(Colón, Honduras)
Pero el poder creador del Señor vendrá de nuevo sobre nosotros, y el desierto se convertirá en tierra de cultivo, y la tierra de cultivo será mucho más fértil. - Isaías 32:15 (DHH)
Dos meses atrás me contagié con el virus COVID-19, y todavía estoy lidiando con síntomas residuales. Ayer apenas pude respirar hondo por algunos momentos y por el esfuerzo me dolía el pecho. Tuve que descansar mucho y caminar lentamente. Esto es una mejoría respecto de las primeras semanas de la enfermedad, cuando sentía el pecho apretado y me costaba respirar. Estoy agradecida porque hoy puedo respirar profundamente.
En las lenguas originales de la Biblia, la palabra aire o respirar también significa espíritu: ruah en hebreo y pneuma en griego. He descubierto que, así como necesito aire para vivir, también necesito del Espíritu de Dios. En ocasiones lucho para vivir como Dios quiere y no veo manifestarse en mi vida los frutos del Espíritu como gozo, paciencia y generosidad (Ver Gálatas 5:22). Cuando me falta el aire o me duele al respirar profundo, debo detenerme y descansar. Del mismo modo, cuando comienzo a sentirme irritable, sola o enfocada solo en mí, necesito tomar un descanso de las ocupaciones cotidianas y rejuvenecer mi espíritu dedicando un tiempo a Dios, quien me sostiene.
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