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11 de noviembre, 2024

El don y la gracia de depender

Frederick W. Schmidt   |   Leer Primer libro de Samuel 1:4-20

(Imagen por: Pixabay)
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Leccionario Semanal
11 Al 17 De Noviembre De 2024
Resumen de la Escritura

RESUMEN DE LAS ESCRITURAS

Preguntas para la reflexión

-Lea 1º de Samuel 1:4-20. ¿Cómo persistir en la oración cuando ésta parece no tener respuesta durante mucho tiempo?-Lea 1º de Samuel 2:1-10. ¿Cómo expresa su alegría y agradecimiento cuando Dios responde a su oración?-Lea Hebreos 10:11-25. ¿Qué le ayuda a perseverar en la práctica de su fe?-Lea Marcos 13:1-8. ¿Qué señales le inquietan sobre el futuro? ¿Qué le ayuda a mantener la esperanza?

Responda pida su oración..

Primer libro de Samuel 1:4-20

4 Al llegar el día en que Elcana ofrecía sacrificio, les daba su parte a Peniná, su mujer, y a todos sus hijos y sus hijas, 5 pero a Ana le daba la mejor parte, porque la amaba, aunque el Señor no le había concedido tener hijos. 6 Pero Peniná la molestaba y la hacía enojar hasta entristecerla, porque el Señor no le había concedido tener hijos. 7 Y cada año era lo mismo: Peniná se burlaba de Ana cada vez que iban a la casa del Señor, y por lo tanto Ana lloraba y no comía. 8 Un día, Elcana le preguntó: «Ana, ¿por qué lloras? ¿Por qué no comes? ¿Por qué estás afligida? ¿Acaso yo no soy para ti mejor que diez hijos?» 9 Y Ana se levantó, después de comer y beber en Silo. El sacerdote Elí estaba sentado en una silla, junto a un pilar del templo del Señor. 10 Entonces ella oró y lloró al Señor con mucha amargura, 11 y le hizo un voto. Le dijo: «Señor de los ejércitos, si te dignas mirar la aflicción de esta sierva tuya, y te acuerdas de mí y me das un hijo varón, yo te lo dedicaré, Señor, para toda su vida. Yo te prometo que jamás la navaja rozará su cabeza.» 12 Y mientras ella oraba largamente delante del Señor, Elí la observaba mover los labios. 13 Y es que Ana le hablaba al Señor desde lo más profundo de su ser, y sus labios se movían pero no se oía su voz, así que Elí creyó que estaba ebria. 14 Entonces le dijo: «¿Hasta cuándo vas a estar ebria? Digiere ya tu vino.» 15 Pero Ana le respondió: «No, señor mío; no estoy ebria. No he bebido vino ni sidra. Lo que pasa es que estoy muy desanimada, y vine a desahogarme delante del Señor. 16 No pienses que tu sierva es una mujer impía. Es tan grande mi congoja y mi aflicción, que hasta ahora he estado hablando.» 17 Elí le respondió: «Vete en paz, y que el Dios de Israel te conceda lo que le has pedido.» 18 Y ella respondió: «Espero que veas con buenos ojos a esta sierva tuya.» Y Ana se fue de allí, y comió, y dejó de estar triste. 19 Por la mañana, adoraron delante del Señor y regresaron todos a su casa en Ramá. Allí, Elcana tuvo relaciones con Ana, y el Señor se acordó de lo que ella le había pedido. 20 Ana quedó embarazada y, cuando se cumplió el tiempo, dio a luz un hijo, al que le puso por nombre Samuel, pues dijo: «Yo se lo pedí al Señor.»

El texto bíblico es tomado de La Santa Biblia versión Reina Valera Contemporánea ® (RVC) © Sociedades Bíblicas Unidas, 2009, 2011. Usado con permiso.

La historia de Ana nos introduce en una conversación sobre nuestra dependencia de Dios y nuestra capacidad de confiar. La difícil situación de Ana, que aparece al principio del primer libro de Samuel, no es sólo una historia de angustia personal, sino que describe el papel de Samuel en la...

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Dios bondadoso, confieso mi desesperanza. Ante circunstancias que escapan a mi control, me siento abrumado. Clamo por alivio. Sólo tú puedes transformar el luto en alegría. Me pongo de nuevo en tus manos. Te invito a dar forma a mis oraciones. Anhelo escuchar tu voz. Amén.


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